Un poco de Dharma

noviembre 20, 2007

La escritura del tibetano

Filed under: lengua — dharmanomad @ 4:17 am

La lengua tibetana se escribe en un alfabeto silábico (en el que cada símbolo principal representa una sílaba, y no solo un sonido). Hay dos variedades principales del alfabeto: el u-chen (Wylie: dbu can), de tipo de letra de imprenta, y el u-me (Wylie: dbu med), más cursivo. Las letras de estos alfabetos fueron adaptadas a partir del alfabeto Brahmi del norte de la India, alrededor del siglo VII.

En el alfabeto tibetano, cada uno de los símbolos principales representa una consonante, la cual lleva implícita la vocal “a”. Para cambiar la vocal (a “i”, “u”, “e” u “o”), se le añaden de forma regular unas especies de tildes encima (o debajo, en el caso de la “u”) de la consonante.

En una misma sílaba puede haber más de una consonante, en cuyo caso uno de ellas es la principal, y las demás pueden estar a su izquierda, derecha, encima o debajo. El final de cada sílaba (incluso cuando está compuesta de una sola consonante) se marca con un punto elevado llamado tsek (Wylie: tsheg). En tibetano no se separan las palabras (como se hace en español con un espacio); es como si . el . es . pa . ñol . se . es . cri . bie . ra . a . sí.

Un punto importante es que el tibetano no se pronuncia para nada como se escribe; hay muchas letras que se escriben pero no se pronuncian, o que se combinan entre sí para producir un sonido diferente. (Sin ir tan lejos, algo parecido ocurre en francés, donde “eaux” se pronuncia “o”).

No vamos por ahora a entrar en más detalles sobre este alfabeto; pero para poder empezar a hacer un glosario, tenemos que saber algo de como se transcribe el tibetano en nuestro alfabeto romano. Para esto hay un sistema de transliteración llamado Wylie, que transcribe la escritura del tibetano letra por letra, separando las sílabas con un espacio. El sistema Wylie es el que se usa de forma prácticamente universal en el mundo de los estudios tibetanos.

La gran ventaja del Wylie es que no se pierde ninguna información: un texto transcrito al Wylie se puede volver a escribir en el alfabeto tibetano, y vice versa, siguiendo unas reglas simples. La desventaja es que el Wylie transcribe todas esas letras que no se pronuncian, con lo cual no se puede de inmediato adivinar como se leerá una palabra. Por ejemplo, el famoso “tashi delek” se escribe bkra shis bde legs en Wylie. Una curiosidad del Wylie es que, además de las letras habituales de la “a” a la “z”, también usa el apóstrofe (‘) como una letra.

En los centros de Dharma, cuando se recitan textos en tibetano, se suele dar una transcripción informal que refleja la pronunciación aproximada, pero que pierde mucha información. Estas transcripciones fonéticas suelen variar de una sangha para otra, y también en función de la lengua de destino – en una sangha francesa posiblemente se transcriba el sonido “u” como “ou”, mientras que en una de española se usará “ñ” en vez de “ny”.

Debido a estas limitaciones, es bastante necesario hacer el esfuerzo de apuntarnos el Wylie de las palabras que vayamos incorporando a nuestro glosario, si queremos que éste sea lo suficientemente preciso para tener una idea de lo que estamos recitando en nuestras prácticas. O aún mejor, podemos aprender el alfabeto mismo.

Así que ahora que ya sabemos lo que es el Wylie, y que no hay que intentar pronunciarlo tal y como se escribe, ¡podemos empezar a investigar palabras!

Para más detalles sobre el alfabeto tibetano, ver esta página y esta. Clicar este vínculo para ver los trazos de la caligrafía tibetana.


El primer verso del Bodhicharyavatara, en el alfabeto u-chen.

noviembre 19, 2007

La lengua tibetana

Filed under: lengua — dharmanomad @ 7:05 pm

Cuando hablamos del tibetano, lo primero es distinguir entre el tibetano coloquial (“pal ke”) y el clásico (“chö ke”). El coloquial es el que se habla en el Tibet y en el exilio, y tiene muchos dialectos que varían mucho entre si.

El tibetano clásico es el tibetano en el que están escritos los textos del Dharma. Los textos en tibetano clásico se pueden dividir en dos categorías: los que fueron traducidos del sánscrito (las palabras del Buda y los escritos de maestors de la antigua India), y los que fueron escritos directamente en tibetano por maestros tibetanos.

Cuando las enseñanzas budistas entraron en el Tibet en el siglo VIII, de la mano del rey dhármico Trisong Detsen, del abad bodhisattva Shantarakshita y del gran maestro tántrico Padmasambhava, se inició un enorme esfuerzo de recopilación y traducción de los sutras, tantras y shastras (tratados) traídos de la India, del sánscrito al tibetano. En este fascinante proceso se tuvieron que acuñar innumerables palabras nuevas para expresar conceptos tan básicos como “Buda” (sangyé) y “Dharma” (chö). Los héroes de este período fueron los “lotsawa” o traductores, que trabajaban en pares: un erudito indio especialista en la lengua de origen (el sánscrito), y un erudito tibetano.

Tardó varios siglos para que el vocabulario de las enseñanzas comenzara a estar relativamente unificado y claro. El rey Tri Ralpachen, nieto de Trisong Detsen, invitó a numerosos eruditos de la India y conminó a los estudiosos tibetanos que revisaran y unificaran la terminología y las traducciones de los textos del Dharma. La lengua tibetana que se forjó en esta época constituye la base del tibetano clásico.

El alfabeto, o mejor dicho la colección de alfabetos en que se escribe el tibetano, fueron introducidos en la época del rey Songtsen Gampo (siglo VII), y están basados en otros alfabetos que se usaban por esa época en el norte de la India. Debido a que la lengua tibetana tiene una estructura morfológica y fonética muy diferente de la del sánscrito y lenguas afines, el sistema de escritura resultante terminó siendo bastante complicado.

En los próximos días voy a postar algunos detalles más sobre el alfabeto tibetano y su transcripción (“Wylie”) a nuestro alfabeto romano… entre tanto, ¡Tashi Delek y Sarva Mangalam!

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